martes, 27 de mayo de 2014

Reseña: La Elegancia del Erizo.

Libro: La Elegancia del Erizo.
Autor: Muriel Barbery.
Páginas: 367
Precio: $298.00
Precio en dólares: #23.46 USD.

En el número siete de la calle Grenelle, un inmueble burgués de París, nada es lo que parece. Dos de sus habitantes esconden un secreto. Renée, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común. Paloma tiene doce años y oculta una inteligencia extraordinaria. Ambas llevan una vida solitaria, mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza. La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas. Juntas, Renée y Paloma descubrirán la belleza de las pequeñas cosas. Involucrarán de los placeres efímeros e inventarán un mundo mejor. ‘La elegancia del erizo’ es un pequeño tesoro que nos revela cómo alcanzar la felicidad gracias a la amistad, el amor y el arte. Mientras pasamos las páginas con una sonrisa, las voces de Renée y aloma tejen, con un lenguaje melodioso, un cautivador himno a la vida. Muriel Barbery se ha convertido en la revelación literaria en Francia. Su ternura y originalidad le han valido el Premio de los Libreros, el reconocimiento de la crítica y el cariño del público, que la ha situado en las listas del lo libros más vendidos durante más de un año.





Opinión: 
Al principio me costó un poco adecuarme a la lectura y entrar en la novela porque el lenguaje que tiene es muy complicado y tiene palabras difíciles de comprender. Pero llega un momento en que eso no te importa y quieres seguir leyendo sobre la señora Michel, Paloma y el señor Ozu. Es un libro muy completo con un final de impacto que te hará gritar, reír, y hasta llorar. Toca temas tabú como el suicidio. Y definitivamente es un libro que debes de leer alguna vez en tu vida. 

Monólogo, Octavio Paz.


Bajo las rotas columnas, 
entre la nada y el sueño, 
cruzan mis horas insomnes 
las sílabas de tu nombre. 

Tu largo pelo rojizo, 
relámpago del verano, 
vibra con dulce violencia 
en la espalda de la noche. 

Corriente oscura del sueño 
que mana entre rüinas 
y te construye de nada: 
amargas trenzas, olvido, 
húmeda costa nocturna 
donde se tiende y golpea 
un mar sonámbulo, ciego.


I’m a writer.
Don’t buy me roses
or fancy things.

Kiss me in every language
and envelop me in
the soft hug of a sentence.


Teach me how to
write without words,
and I will love you
for the rest of my
undocumented existence.

sábado, 24 de mayo de 2014

De libro a película: La Tregua, Mario Benedetti.

Comenzaré diciendo que La Tregua es sin dudas uno de mis libros favoritos y me daba miedo ver la película porque creía que lo iban a arruinar así como con Las Batallas en el Desierto. Y, aunque me decepcionó más que un poco, no fue tan buena.
Al principio Adriana Fonseca se me hacia una Laura Avellaneda horrible. Yo no me había imaginado a esa mujer así. Pero conforme va pasando la película me fui acostumbrando a ella.
Gonzalo Vega como Martín Santomé fue hermoso. Lo que me había imaginado leyendo el libro lo sacaron de mi mente y lo pusieron con ese actor.
Me molestó mucho que empezando la película pusieran escenas que van hasta la página 30. También que no hayan puesto la escena cuando Santomé roza el codo con una extraña en el camión y terminan teniendo sexo, era una escena que mostraba mucho sobre él. Que su hijo fuera el que dijera que si algún día se suicida sería en domingo me pareció horrible. No pusieron la quote: ''creen en Dios sólo porque ignoran que hace mucho tiempo que Dios ha dejado de creer en ellos.'' No tomaron en cuenta muchas quotes que hacían ver cómo era Santomé. 
Me ha encantado que hayan puesto cuando Avellaneda y Santomé tienen relaciones sexuales porque en el libro muestran que a ella le costó mucho lidiar con eso y que él repitiera tantas veces su apellido fue hermoso. Que hayan puesto La Última Noción de Laura cuando ella muere fue desgarrador.
Y quiero decir que la película me destrozo demasiado. Para empezar la terminé de ver a las dos am y estaba con sentimientos encontrados y me ponen el funeral de Avellaneda... fue muy triste. Ver que Santomé está destrozado. Que le grita al hombre al teléfono por no creer que ella esté muerta.

Sin dudas es una muy buena adaptación aunque me hayan faltado varias (muchas) escenas y quotes que a mi parecer eran importantes. Y, claro, deberías darle una oportunidad a esta película.

La Última Noción de Laura.

lunes, 19 de mayo de 2014

Última noción de Laura, Mario Benedetti.


Usted martín santomé no sabe
cómo querría tener yo ahora
todo el tiempo del mundo para quererlo
pero no voy a convocarlo junto a mí
ya que aún en el caso de que no estuviera
todavía muriéndome
entonces moriría
sólo de aproximarme a su tristeza.

usted martín santomé no sabe
cuánto he luchado por seguir viviendo
cómo he querido vivir para vivirlo
porque me estoy muriendo santomé

usted claro no sabe
ya que nunca lo he dicho
ni siquiera
en esas noches en que usted me descubre
con sus manos incrédulas y libres
usted no sabe cómo yo valoro
su sencillo coraje de quererme

usted martín santomé no sabe
y sé que no lo sabe
porque he visto sus ojos
despejando
la incógnita del miedo

no sabe que no es viejo
que no podría serlo
en todo caso allá usted con sus años
yo estoy segura de quererlo así.

usted martín santomé no sabe
qué bien, que lindo dice 
avellaneda
de algún modo ha inventado
mi nombre con su amor

usted es la respuesta que yo esperaba
a una pregunta que nunca he formulado
usted es mi hombre
y yo la que abandono
usted es mi hombre
y yo la que flaqueo

usted Martín Santomé no sabe
al menos no lo sabe en esta espera
qué triste es ver cerrarse la alegría
sin previo aviso
de un brutal portazo

es raro
pero siento
que me voy alejando
de usted y de mí
que estábamos tan cerca
de mí y de usted

quizá porque vivir es eso
es estar cerca
y yo me estoy muriendo 
santomé
no sabe usted
qué oscura
qué lejos
qué callada
usted
martín
martín cómo era
los nombres se me caen
yo misma me estoy cayendo

usted de todos modos
no sabe ni imagina
qué sola va a quedar
mi muerte
sin
su
vi
da.


viernes, 16 de mayo de 2014

Codiciada, prohibida, Jaime Sabines.


Codiciada, prohibida, 
cercana estás, a un paso, hechicera. 
Te ofreces con los ojos al que pasa, 
al que te mira, madura, derramante, 
al que pide tu cuerpo como una tumba. 
Joven maligna, virgen, 
encendida, cerrada, 
te estoy viendo y amando, 
tu sangre alborotada, 
tu cabeza girando y ascendiendo, 
tu cuerpo horizontal sobre las uvas y el humo. 
Eres perfecta, deseada. 
Te amo a ti y a tu madre cuando estáis juntas. 
Ella es hermosa todavía y tiene 
lo que tú no sabes. 
No sé a quién prefiero 
cuando te arregla el vestido 
y te suelta para que busques el amor.


Apegado a mí, Gabriela Mistral.


Velloncito de mi carne, 
que en mis entrañas tejí, 
velloncito friolento, 
¡duérmete apegado a mí! 

La perdiz duerme en el trébol 
escuchándole latir: 
no te turben mis alientos, 
¡duérmete apegado a mí! 

Hierbecita temblorosa 
asombrada de vivir, 
no te sueltes de mi pecho: 
¡duérmete apegado a mí! 

Yo que todo lo he perdido 
ahora tiemblo hasta al dormir. 
No resbales de mi brazo: 
¡duérmete apegado a mí!

¿Qué les queda a los jóvenes?, Mario Benedetti.


¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente


viernes, 9 de mayo de 2014

Deseo, Federico García Lorca.


Sólo tu corazón caliente, 
Y nada más. 

Mi paraíso, un campo 
Sin ruiseñor 
Ni liras, 
Con un río discreto 
Y una fuentecilla. 

Sin la espuela del viento 
Sobre la fronda, 
Ni la estrella que quiere 
Ser hoja. 

Una enorme luz 
Que fuera 
Luciérnaga 
De otra, 
En un campo de 
Miradas rotas. 

Un reposo claro 
Y allí nuestros besos, 
Lunares sonoros 
Del eco, 
Se abrirían muy lejos. 

Y tu corazón caliente, 
Nada más.


Reseña: El Despertar de la Señorita Prim.

Libro: El Despertar de la Señorita Prim.
Autor: Natalia Sanmartín Fenollera.
Páginas: 347
Precio: $298.00
Precio en dólares: $23.46 USD.


Reseña:
Atraída por un sugestivo anuncio, prudencia Prim llega a san Ireneo de Arnois, un pequeño lugar lleno de encanto cuyos habitantes han decidido declarar la guerra a las influencias del mundo moderno. La señorita Prim ha sido contratada para organizar la biblioteca del hombre del sillón, un hombre inteligente, profundo y cultivado, pero sin pizca de delicadeza. Pese a las frecuentes batallas dialécticas con su jefe, poco a poco la bibliotecaria ira descubriendo el peculiar estilo de vida del lugar y los secretos de sus nada convencionales habitantes. Narrado con ingenio, brillantes e inteligencia, el despertar de la señorita Prim nos sumerge en un inolvidable viaje en busca del paraíso perdido, de la fuerza de la razón y la belleza y de la profundidad que se esconde tras las cosas pequeñas.



Mi opinión:
A pesar de su portada que es HERMOSA debo decir que el contenido se lleva muy bien con ella.
Está desarrollado en un ambiente invernal. Estaba llena de nieve cuando leía el libro (metafóricamente).
Me encantó cómo está narrado, te hace sentir que tu eres la que está viendo el anuncio del principio. Que estás tomando té, café o chocolate caliente junto a los niños de la casa.
Muchas veces me desesperaba con el Señor del Sillón porque trataba a la Señorita Prim muy mal pero al final te das cuenta de que los dos tienen una historia muy linda qué contar.
Definitivamente es un libro para leer mientras estás en un lugar con un clima parecido al que te narran y mucho mejor si lo acompañas con una taza de té.
El final deja muchísimo a la imaginación. Estuve más de una semana pensando en qué podría haber pasado después de ese inesperado final.
Le di 4/5 estrellas en GoodReads.
Mi perfil de GoodReads.
Booktrailer:

miércoles, 7 de mayo de 2014

Escrito con tinta verde, Octavio Paz.


La tinta verde crea jardines, selvas, prados, 
follajes donde cantan las letras, 
palabras que son árboles, 
frases que son verdes constelaciones. 

Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran 
como una lluvia de hojas a un campo de nieve, 
como la yedra a la estatua, 
como la tinta a esta página. 

Brazos, cintura, cuello, senos, 
la frente pura como el mar, 
la nuca de bosque en otoño, 
los dientes que muerden una brizna de yerba. 

Tu cuerpo se constela de signos verdes 
como el cuerpo del árbol de renuevos. 
No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa: 
mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas.


Cuento de la semana: Continuidad de los parques, Julio Cortázar.

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestion de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oidos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

martes, 6 de mayo de 2014

¿Te mintió, o tu pensaste que era diferente?

El día que me quieras, Amado Nervo.


El día que me quieras tendrá más luz que junio; 
la noche que me quieras será de plenilunio, 
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo 
sus inefables cosas, 
y habrá juntas más rosas 
que en todo el mes de mayo. 

Las fuentes cristalinas 
irán por las laderas 
saltando cristalinas 
el día que me quieras. 

El día que me quieras, los sotos escondidos 
resonarán arpegios nunca jamás oídos. 
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras 
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras. 

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas, 
luciendo golas cándidas, irán las margaritas 
por montes y praderas, 
delante de tus pasos, el día que me quieras... 
Y si deshojas una, te dirá su inocente 
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente! 

Al reventar el alba del día que me quieras, 
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras, 
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos, 
florecerán las místicas corolas de los lotos. 

El día que me quieras será cada celaje 
ala maravillosa; cada arrebol, miraje 
de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar, 
cada árbol una lira, cada monte un altar. 

El día que me quieras, para nosotros dos 
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.